miércoles, 28 de junio de 2017

LA MIRADA DEL MAESTRO






Me arrastraron sin piedad,gritándome, insultándome. No sabía cuantos eran exactamente, ni siquiera quienes eran.
¿Cómo me habían encontrado todos juntos?. 

Pero en realidad eso no importaba, ellos me habían condenado y ahora recibiría mi castigo. 

No sabía donde íbamos, la salida del pueblo era para el lado opuesto al que me llevaban.
A medida que avanzábamos por las calles polvorientas, las personas se unían al grupo. 
Podía sentir sus miradas de desprecio, de odio, gritaban, me maldecían sin piedad.

El sol estaba fuerte y me quemaba los ojos, el polvo y las piedras de las calles lastimaban mis pies.
Eso no importaba, yo me sentía sucia, sola, desamparada, despreciada. Sabia que que había cometido pecado y merecía el castigo, me había equivocado. En medio de todas aquellas personas ni tan siquiera una encontré que tuviese compasión de mi , aun consiente yo de no merecerla.

Parecía que no llegábamos mas donde me llevaban. 

De repente, divise un grupo de personas a lo lejos y una voz,  que a medida que nos acercábamos era mas clara.

Entonces sucedió.
El grupo de hombres que me arrastraban, con vehemencia y sin consideración me arrojaron a los pies del hombre que hablaba. 
No me atreví a mirar quien era, fuera quien fuera sería mi verdugo.

-Maestro, esta mujer fue hallada en el acto de adulterio, según la ley de Moisés debemos apedrearla hasta morir, pero dinos ,¿ tu que dices? ¿qué debemos hacer con ella?-

-¿Maestro?- pensé . Miré las sandalias y los pies del hombre, podía ver el borde de su túnica. 
Note que estaba agachado y con su dedo escribía algo sobre la tierra. 

Entendí que me habían traído ante Jesús, a quien llamaban Maestro. 

Nunca me había acercado, yo era la última de las pecadoras, era indigna de estar en presencia de tan santo varón. Me llene de vergüenza, baje mi rostro contra el suelo muy cerca de sus pies, cerré los ojos. Merecía el castigo, estaba avergonzada y me sabia indigna de estar ante tan alta autoridad. 

-El que este libre de pecado que arroje la primera piedra- fue su sentencia.
Ahora si, llego mi momento,las que allí estaban eran personas dignas, que vivían conforme a la ley de Moisés,que no eran avergonzadas públicamente. 

Espere....espere....espere. Nada.

Solo se escuchaban pasos alejándose y murmullos que se apagaban. Después silencio total.

No quería abrir los ojos, no quería descubrir que era tan pecadora que ni siquiera el castigo de las personas buenas merecía.
Pero entonce me habló:

-Todos se han ido, ninguno te condena,ni yo lo hago-

Tanto amor, tanta misericordia en esa voz, abrí los ojos y por primera vez me atreví a mirarlo. Sus ojos hermosos destilaban compasión, ternura. Su mirada traspaso mi alma.  ¿Cómo me perdonaba a mi, una vil y despreciada pecadora?
Su mirada respondió con amor y misericordia una vez mas.

-Vete en paz, no peques más-

No quería irme, quería permanecer a sus pies, me sentía segura allí,guardada por El.

Me ayudo a ponerme en pie, me sentía diferente, nueva, con ganas de vivir y hasta me sentí valiosa, amada. 
Uyyy quería gritar ,bailar, reír,llorar, era perdonada, era restaurada, era aceptada.

Mire de nuevo sus ojos, ahora era mi maestro y solo seguiría sus pasos. 
La mirada del Maestro transformo mi vida.

Este es uno de los encuentros con Jesús que más me impactan. 
¿Te suena familiar lo que has leído? ¿Te has sentido alguna vez despreciada, criticada,rechazada? ¿ Has creído alguna vez que eres tan pecadora que solo mereces el castigo?

Déjame decirte que me he sentido alguna vez así, ero también he sentido esa mirada maravillosa del Maestro. He sentido su amor.

El encuentro de esta mujer con Jesús, no solo le dio perdón de pecados, la restauro, le dio la seguridad de ser aceptada y amada, aún cuando era inmerecedora de la gracia.

Esa misma gracia que se extiende para ti y para mi hoy.
Es que cuando te encuentras con la mirada del Maestro y sientes su amor,su compasión, ya nada es igual.

Hay una canción muy viejita, una de las favoritas de mi mamá, que habla de los ojos de Jesús y dice:

Los ojos mas bellos, más bellos del mundo
son los que miraron al pobre pecador.
Hallándome perdido en pecados y delitos
sus ojos me miraron ,la salvación me dio.
Los ojos más bellos son los de mi Jesús
que cuando me miraron me dieron tierna luz.

Esos ojos, ese amor y esa misericordia están hoy esperando por ti y por mi. 
Solo debemos salir a su encuentro y recibir su gracia.

No desperdicies la oportunidad de venir a El, no te arrepentirás y ya nada en tu vida será igual.

Nos leemos pronto, te abrazo en el amor de Cristo, se bendecida.





RECUERDA DIOS TE AMA Y NOSOTRAS TAMBIEN!!!!


No te vayas sin dejarnos un comentario y no olvides compartir si te bendice.








2 comentarios:

  1. Me gustó la forma en que Jesús con amor se enfrentó a la crítica religiosa.
    El ve más allá. El ve nuestro corazón.

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Sandra López

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