jueves, 26 de octubre de 2017

Beatriz Peralta

MAR DE GALILEA O MAR MUERTO





En Palestina existen dos clases de mares.
Uno es dulce, cristalino, sus aguas están llenas de vida.
Jesús camino por las orillas de ese mar y aún milagros ocurrieron en él.
Hablamos del mar de Galilea.
Este es afluente del río Jordán.
Del mismo río también es afluente otro río, cuyas aguas son muertas. En ese lugar no hay peces, ni vida alguna.
¿A qué se deberá entonces esta diferencia? Los dos provienen del mismo mar, entonces las aguas del Jordán no son de forma alguna la causa de esta diferencia.
Lo que los hace opuestos es la forma en que tratan las aguas que vienen del río principal.
El mar de Galilea recibe las aguas del Jordán pero no las retiene , por cada gota que recibe sale otra. El dar y recibir se cumplen allí en idéntica medida.
En cambio el otro mar es avaro y atesora celosamente lo que recibe. 
Atesora las aguas y allí las deja, por lo cual hace honor a su nombre Mar muerto.

De igual manera todos nosotros hemos sido creados por un mismo Dios, a su imagen y semejanza.

¿Por qué es que entonces somos tan diferentes?¿Por qué hay quienes le siguen y quienes no?

La diferencia la hacemos nosotros, con nuestras decisiones.
Dios nos ha creado con libre albedrío, Nos ha dado todo lo necesario para nuestras vidas.
Aún nos ha dado el privilegio de poder elegir entre lo bueno y lo malo.
Somos nosotras que decidimos que haremos con  nuestras vidas.
Si seremos como el mar muerto o como el mar de Galilea.

Ciertamente que en nuestras vidas nos encontramos con contratiempos, enfermedades, desengaños, dificultades.
Pero tenemos a alguien que puede y quiere guiarnos en medio de esos tiempos y ese es Jesús.

Si lo dejamos que nos guíe y nos conduzca en todas nuestras decisiones , seguro que nos guiará por la senda correcta.
Pasaremos de ser un mar muerto a un mar de Galilea.

Todos podemos tener la elección, ser personas que bendigan con sus vidas. O personas a las que nadie se les acerca pues están secas, amargadas.

El apóstol Pablo nos dice en Colosenses 3:5- 10

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,

Gracias a Dios por su palabra que nos animan y enseñan. 
Debemos dejar esas cosas que no sirven y que hacen que las personas se alejen de nosotras.

Como hijas de Dios debemos ser como el mar de Galilea, prontas para la buena palabra, el buen consejo, ánimo a quienes se nos acerquen.

Elijamos que tipo de mar queremos ser. 
Vivamos agradando al Padre.

Dios les bendiga mucho, nos leemos pronto.




RECUERDA DIOS TE AMA Y NOSOTRAS TAMBIEN.


No te vayas sin dejarnos un comentario y recuerda compartir para bendecir.

1 comentario:

Sandra Cardozo

EL RECHAZO DEBE CAER David solo era un adolescente cuando llegó a la batalla entre los israelitas y los filisteos. No era miembro d...