viernes, 10 de noviembre de 2017

Sandra López

En la sala de espera de Dios




Lleve a mi hijo pequeño al dentista para hacerle una cirugía menor.
La enfermera me dio las indicaciones para llenar los consentimientos necesarios y luego me guió a la sala de espera.
-Cuando terminen, la doctora vendrá a hablar con usted, espere aquí - dijo amablemente y se dirigió a sus tareas.

La sala era pequeña y otras personas también estaban allí. Algunos esperando familiares o amigos.
Otros eran pacientes esperando turno.
Una chica sostenía entre sus manos su cara bastante hinchada.
Una madre tranquilizaba a su pequeño.
Me senté a esperar en silencio, no podía hacer otra cosa.
No podía hacer nada por las personas allí , no iba a pedir una bata y ponerme a revisar bocas.
Esa no es mi tarea.
Mientras pensaba en esto vinieron a mi mente las palabras del salmista : Guarda silencio ante Jehova y espera en él.



Pero sucede que pertenezco a una generación que podríamos denominar instantánea.
Todo lo queremos para ya, si ponemos el agua para el café o té le susurramos : vamos, vamos hierve pronto.
Si vamos al súpermercado muchas veces sacudimos la cabeza si el que está adelante nuestro demora un poquito.
En la calle vamos buscando huecos libres para avanzar ,de carril en carril.
Cocinamos arroz de diez minutos en cinco .
No podemos esperar, no sabemos esperar.


Lo mismo nos sucede con Dios.


Si miramos por un instante a nuestro alrededor nos damos cuenta de que en realidad estamos en una gran sala de espera creada por el mismo Dios.
Mujeres esperando que sus esposos cambien, padres esperando la llegada de su primer hijo. Personas esperando ese empleo que han solicitado. Viudas que esperan un día poder volver a sonreír. Madres esperando el regreso de su hijo pródigo.


Cuando leemos la palabra encontramos muchos hombres y mujeres que saben muy bien qué es esperar en la sala de espera de Dios.


Nos encontramos con José, cuando leemos su historia en Génesis pareciera que hubiese ocurrido en unos cuantos días.
En realidad fueron años esperando en fe, creyendo en los sueños que Dios le había dado y eran los que le sustentaban.
En el capítulo cuarenta nos relata cuando interpreta el sueño del copero del rey. Cuando este es puesto en libertad José le pide que no se olvide de él y le recuerde ante el faraón.
Al comienzo del capítulo cuarenta y uno dice : Aconteció que pasado dos años tuvo Faraón un sueño.
¡¡¡Dos años!!!
En esos veinticuatro meses la fe de José se mantuvo intacta, cuando es llamado para interpretar el sueño del Faraón, dice : yo no puedo interpretar nada , pero mi Dios si.
Sale de la carcel, de su prision, de su sala de espera proclamando el poderío de Dios.


¿Qué sucede con nosotras? ¿Cómo enfrentamos nuestra sala de espera?
No estamos en una prisión, pero todas estamos esperando en la gran sala.


Cada una con sus diferentes necesidades,buscando trabajo de un lado a otro, esperando en los médicos por nuestra salud, luchando por nuestros hijos.


Algo que debemos recordar es que mientras estamos esperando, Dios está trabajando.


Jesus dijo :Mi Padre hasta ahora trabaja. Juan 5:17.
El no se detiene, no se toma vacaciones.

El trabaja constantemente. Nos invita a estar quietos y cónocer que él es Dios.


Otro hombre de fe que supo esperar en la gran sala fue Daniel.
La Biblia nos dice que ayunó y oró por veintiún días, pareciera que su oración no pasaba del techo.
Insistió, oró, pidió, suplicó.
Recién el día veintidós el ángel se presentó y le dijo : desde el primer día fue oída tu súplica, solo que Dios tuvo que enviar a Miguel ,un alto general del ejército celestial ,que por veintiún días a luchado contra lo que quería impedir tu respuesta.


Si Daniel hubiese perdido la fe, le hubiese dado la espalda a Dios o simplemente hubiese abandonado su oración, quizás el ángel no habría llegado.


Pensemos que sucedería si nosotras perdiéramos la fe, si bajáramos los brazos.
No lo hagamos, mantengamos nuestra oración, nuestro ruego aún cuando pareciera que no pasan del techo.


Tenemos un ejército celestial batallando en nuestro favor, mensajeros de Dios trabajando para nosotras.

Esperemos confiadas aunque las fuerzas parecieran desaparecer.
Dice Isaías 40:31 Los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas.


Fuerzas nuevas, nuevo vigor, piernas que no se cansan, brazos fuertes, El Señor renovará nuestra fe cada día.


El nos dará descanso en la gran sala de espera, saldremos en victoria cualquiera sea la situación qué atravesamos.
Esperemos en él, saldrá a nuestro encuentro, se sentará con nosotras mientras esperamos en el.
Guarda silencio ante Jehová y espera en él.


El Señor te bendiga y ánimo la respuesta viene en camino. Abrazo enorme.
Nos leemos pronto.




RECUERDA DIOS TE AMA Y NOSOTRAS TAMBIEN.


No te vayas sin dejarnos un comentario y comparte para bendecir a otros.

2 comentarios:

  1. Muy bueno!!!! Gracias por estas palabras de aliento

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  2. Me encantó!
    Muchas gracias Sandra . No todo está perdido.

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Sandra López

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